
Génesis 17:1-5
Era Abram de edad de noventa y nueve años, cuando le apareció Jehová y le dijo: Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto. Y pondré mi pacto entre mí y ti, y te multiplicaré en gran manera. Entonces Abram se postró sobre su rostro, y Dios habló con él, diciendo: He aquí mi pacto es contigo, y serás padre de muchedumbre de gentes. Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham.
Le dijo Dios a Abram anda delante de mí y sé perfecto, quiere decir andar delante de su presencia, es caminar de la mano de Jesús, siguiendo sus enseñanzas, sus pisadas, su ejemplo, porque solo por medio de Él podemos ir al Padre a la perfección, en 1 Pedro 2:21-24 Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente;
Ese era el pacto, el acuerdo, que Dios hizo con Abram, la condición era caminar en obediencia, para ser Padre de muchedumbre de gente. Y le cambió el nombre de Abram a Abraham que significa Padre de multitudes. Para ello debemos primero circuncidar el prepucio del corazón. En Génesis 17: 9-14 Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones. Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo. Y el varón incircunciso, el que no hubiere circuncidado la carne de su prepucio, aquella persona será cortada de su pueblo; ha violado mi pacto.
Ese pacto tenía como señal la circuncisión donde mandó Dios que todo varón que sea de Israel, aun los extranjeros, sean circuncidados, eso consistía en sacar la piel del miembro viril, en el antiguo testamento, en el tiempo de la ley, pero ahora en el tiempo de la gracia con Jesús, la cual es sombra y figura de la verdadera circuncisión ya no de la carne sino, del corazón, limpiados, por la sangre de Jesús. En Colosenses 2:11-12, En él también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo, en el cual fuisteis también resucitados con él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos.
Que es circuncidar el corazón, es tener el corazón, conforme al corazón de Dios, tener la mente de Cristo, es caminar en santidad, como dice el Señor: sed santo como yo soy santo, porque hemos sido resucitados, separados a una vida nueva con Él, por ello necesitamos permanecer en Él y en su palabra, Él nos santifica porque su palabra es como jabón de lavadores, en Juan 15:3-5 les dijo El Señor a sus discípulos: Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados.
Él nos lleva de gloria en gloria a esa perfección en 2 Corintios 3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Es su santa palabra y su Santo Espíritu que nos conduce por ese camino verdadero, pero Esa transformación toma un tiempo, es el tiempo de morir a nuestro yo, morir a la carne cada día, a nuestra vieja manera de pensar, para que Cristo viva en nosotros, cómo dijo Pablo ya no vivo yo si no Cristo vive en mí, es esa madurez que Dios espera de nosotros, porque cuando le llamó a Abram al principio no le cambió el nombre al instante, sino que tuvo que tratar con él, tuvo que pasar el tiempo de discipulado, un aprendizaje para aprender hacer la voluntad de Dios, En el tiempo señalado Dios le cambió el nombre, le dio esa responsabilidad de ser Padre de multitudes, le dio su ministerio. Pablo al convertirse primero fue al desierto de Arabia a buscar a Dios y el Espíritu Santo le ministraba, le enseñaba. Tenemos que pasar ese desierto, ese aprendizaje, para saber enfrentar al enemigo, para aprender a sujetar la carne a la voluntad de Dios.
Somos regenerados por su Santo Espíritu, bautizados en el agua que significa una nueva vida con Jesús y con el poder de su palabra que es como Jabón de lavadores va perfeccionando su obra en nosotros, santificándonos, circuncidando, cambiando transformándonos, preparándonos para toda buena obra. Como le dijo Pablo a Timoteo en 2 Timoteo 3:15-17 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.
Esa promesa de multiplicación es para todo aquel que camina en la perfección de Dios, el que ha circuncidado el prepucio de su corazón en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios. Es rendir nuestro yo a los pies de Jesús, el Maestro, estar dispuesto a morir y dejar que Él viva en nosotros, para ser de bendición, de ser el ejemplo y padre o madre de muchas generaciones.
En SALMOS 101:6
Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; El que ande en el camino de la perfección, este me servirá.
Amén.