Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

salmos 51 17

Al corazón contrito y humillado no lo despreciará el Señor,  eso quiere el Señor, nuestro corazón arrepentido, reconocer  nuestro  pecado, confesarlo y  pedir perdón, vemos  como David pecó  en 2 Samuel  12 : 1-25,  David cometió  unos pecados gravísimos, adulterio, homicidio, pero ese pecado no quedo sin una consecuencia fatal de maldición, ese pecado le trajo una maldición, murió su hijo, sufrió esa consecuencia por su pecado, es igual si cometemos un pecado trae una consecuencia dependiendo de la gravedad de pecado, porque Dios es Justo,  Dios castigó a David, pero vemos también como David se arrepiente y pide perdón, vemos en el salmos 51 , que David se humilla:

Si analizamos este salmos, de cierta forma resumida podemos ver que David habla de cómo uno se siente después de cometer un pecado,  lo más importante le dice al Señor no quites de mi tu Santo Espíritu, cuando cometemos un pecado contristamos al Espíritu Santo es decir le entristecemos, nos redarguye, nos convence de pecado no tener al Espíritu Santo es lo mas triste, es  volver al mundo, sin esa protección es  darle lugar al enemigo para que pueda traer maldición a nuestra vida y dice renuévame , dame el gozo de la salvación, cuando alguien está en pecado pierde ese gozo de salvación,

 Proverbios 28:13 13 El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.

David  reconoce su pecado  y lo confiesa, esos pasos es importante, reconocer  la falta, el pecado que cometemos, luego confesar delante de Dios con un arrepentimiento sincero, porque Dios quiere ese corazón arrepentido, humillado,  contrito,  Dios que es tardo para la ira y grande en misericordia porque siempre estará con los brazos extendidos a recibir nuevamente a su hijo(a) amado, porque Dios no quiere que ninguno se pierda.

Hay otros  pecados  más pequeños, pero que también trae castigo, maldiciones,  por ello es necesario que todos  los días  pidamos perdón,  porque somos carne y Dios sabe que estamos  en un aprendizaje continuo, pero eso no justifica, sino que si cada vez crecemos en el conocimiento de palabra, Dios quiere más responsabilidad departe de nosotros .

Cuando Él perdona olvida nuestros pecados, porque perdonar es olvidar, luego nuestros pecados  es arrojado a las profundidades del mar en Miqueas 7: 19 Volverá a compadecerse de nosotros, hollará nuestras iniquidades. Sí, arrojarás a las profundidades del mar todos nuestros pecados.

El Señor quiere un corazón arrepentido, al corazón contrito y humillado no lo despreciará el Señor, el Señor después de perdonar olvida ese pecado,  y  el está dispuesto a renovar, restaurar y derramar sus bendiciones nuevamente, el tiene muchas promesas para nosotros si andamos en la obediencia de su palabra.

Como a David Dios le perdonó y olvidó su pecado, y le bendijo con el nacimiento de otro hijo cuyo nombre fue Salomón uno de los reyes mas sabios de Israel.

En la parábola del fariseo y publicano Lucas 18:9-14, también nos explica como debemos acercarnos a Dios con un corazón contrito y humillado, entendiendo de nuestra humana debilidad, no como el fariseo que se sentía muy superior a los demás aunque sí cumplía con los mandamientos pero  tenia una actitud de soberbia y altives no así  el publicano humilde en el espíritu y éste  descendió a su casa  justificado.

Dios conoce nuestro corazón esa disposición de humildad ante su presencia, de reconocer nuestras debilidades, saber que apartados de El nada podemos hacer, apartados de la fuente de la salvación,  acerquémonos confiadamente a su trono de gracia a pedir oportuno socorro porque a al corazón contrito y humillado no lo despreciara el Señor.

Salmos 51

Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia;
Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.

Lávame más y más de mi maldad,
Y límpiame de mi pecado.

Porque yo reconozco mis rebeliones,
Y mi pecado está siempre delante de mí.

Contra ti, contra ti solo he pecado,
Y he hecho lo malo delante de tus ojos;
Para que seas reconocido justo en tu palabra,
Y tenido por puro en tu juicio.

He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo,
Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.

Purifícame con hisopo, y seré limpio;
Lávame, y seré más blanco que la nieve.

Hazme oír gozo y alegría,
Y se recrearán los huesos que has abatido.

Esconde tu rostro de mis pecados,
Y borra todas mis maldades.

10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio,
Y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11 No me eches de delante de ti,
Y no quites de mí tu santo Espíritu.

12 Vuélveme el gozo de tu salvación,
Y espíritu noble me sustente.

13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,
Y los pecadores se convertirán a ti.

14 Líbrame de homicidios, oh Dios, Dios de mi salvación;
Cantará mi lengua tu justicia.

15 Señor, abre mis labios,
Y publicará mi boca tu alabanza.

16 Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría;
No quieres holocausto.

17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;
Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.

Amen

 

 


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